Ademas de la salvación del alma y la sanidad del cuerpo,que son los dos beneficios más prominentes y más conocidos, el Señor compró otros beneficios extraordinarios en la cruz.

Por su muerte en la cruz nosotros podemos tener acceso libre hasta al mismísimo trono de Dios en el cielo. Nosotros tan pequeñitos, tenemos ese beneficio tan grande. Ese privilegio de que podemos mirar hacia arriba y decir: Padre; y nuestra voz llega al Trono es oída y atendida solo si obedecemos a Dios.

Cristo salva, sana y por la fe en él podemos hablar cara a cara con Dios todos los días. Dios bendiga a todas las personas que han leído este mensaje.

Monseñor José Rodríguez.

Obispo Anglicano para los Estados Orientales

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