El presidente argentino Alberto Fernández. Imagen de archivo.
El presidente argentino Alberto Fernández. Imagen de archivo. AFP – EMILIANO LASALVIA

Sin enfrentarse con Cristina Kirchner, Alberto Fernández, un peronista pragmático, consolida su autoridad como presidente e imprime su marca en las decisiones económicas con el fin de facilitar la negociación de la deuda. Por el corresponsal de RFI en Buenos Aires.

El presidente Alberto Fernández regresó a Buenos Aires el viernes 7 de febrero después de una gira europea que lo llevó del Vaticano a Francia, pasando por Italia, Alemania y España. En cada etapa de su viaje, el mandatario argentino obtuvo el respaldo de los jefes de Estado y de Gobierno que lo recibieron. Con mayor o menor entusiasmo, todos se comprometieron a apoyarlo en su negociación con el FMI para la indispensable reestructuración de la deuda del país.  Ese era el principal objetivo de Fernández, y no cabe duda que la gira puede ser considerada exitosa. Así lo entendió la mayoría de la opinión pública. Pero muchos argentinos quedaron sorprendidos al ver que, en los distintos países por los que pasó, los medios de comunicación lo presentaron como un “peronista de izquierda”. Obviamente, nadie discute la calidad de peronista de Alberto Fernández. Pero todos saben que poco tiene que ver con una expresión política de izquierda. Es un hombre de centro, un moderado, históricamente vinculado a la derecha de su movimiento político.

Al respecto, el analista Sergio Berensztein cuenta una anécdota significativa. “En noviembre de 2002 Alberto Fernández era un poco conocido legislador de la Ciudad de Buenos Aires que pertenecía a la corriente peronista liderada por Domingo Cavallo [exministro de Economía ultra liberal de Carlos Menem]. Su mandato se terminaba y su reelección no estaba asegurada. Decide entonces acercarse a un partido nuevo, en ascenso y con posibilidades de ganar las próximas elecciones en la capital, dirigido por un hombre de negocios… Mauricio Macri.

Pero éste no lo recibe. Manda un colaborador a decirle que la lista macrista ya está completa.  Seis meses después, un dirigente peronista casi desconocido es electo presidente, Néstor Kirchner, quien nombra Alberto Fernández jefe de gabinete de ministros”. Exgobernador de la lejana provincia de Santa Cruz, Kirchner elije a Fernández para apoyarse en un colaborador que tiene lo que a él le falta: experiencia política y administrativa en la ciudad que es sede del Poder Ejecutivo, del Congreso y de la Corte Suprema. Buen ojo. Pero no quita que, de Cavallo a Macri, la primera intención del actual presidente era continuar una discreta carrera política signada por la derecha.

“Pragmatismo albertista” y “progresismo cristinista”

Si bien luego evolucionó, corriéndose hacia el centro, este hombre de consensos y buen negociador nunca dejó de ser un moderado. Lo demostró cuando renunció a su cargo de jefe de gabinete de la Presidencia, en 2008, con críticas a Cristina Kirchner por sus políticas de confrontación con varios sectores de la sociedad, especialmente los productores agrícolas. Sin embargo, Fernández se reconcilió con la expresidenta el año pasado para ganar con ella las últimas elecciones. Pero, pese a que ella tuvo la voz de mando en el asunto al designarlo para ocupar el primer lugar de la fórmula, nada indica que él haya adoptado las posiciones consideradas de izquierda de la vicepresidenta en ejercicio o que ésta, como algunos lo afirmaron, detenga la realidad del poder. Al contrario, es precisamente porque Alberto Fernández y Cristina Kirchner representan dos corrientes diferentes y parcialmente opuestas del peronismo que pudieron ganar. Para el electorado kirchnerista y parte de la izquierda, ella aparece como la garantía de cierto progresismo; para muchos peronistas no kirchneristas e incluso no peronistas, él, como la de un pragmatismo que sabrá frenar los arrebatos ideológicos de su compañera.

En realidad, además del “pragmatismo albertista” y del “progresismo cristinista”, otras importantes corrientes peronistas se unieron para vencer a Macri el año pasado: la de Sergio Massa, un liberal hoy presidente de la Cámara de Diputados, que aportó votos decisivos en la provincia de Buenos Aires, el sindicalismo, más bien conservador, la llamada “liga” de gobernadores del interior, generalmente tradicionalistas, etc. Más que un partido, el peronismo es, desde su nacimiento en 1946, un movimiento que reúne a familias políticas diversas. Derecha, izquierda y centro comparten una misma preocupación por la situación de los sectores populares, con una visión dominante cercana a la doctrina social de la Iglesia católica elaborada por Jorge Bergoglio, el actual papa Francisco, de vínculos notorios con el movimiento creado por Juan Perón.

Tradicionalmente, las distintas familias peronistas saben callar sus diferencias a la hora de dar batallas electorales. No pudieron hacerlo en el 2015, cuando el movimiento estaba virtualmente fracturado entre kirchneristas y no kirchneristas, lo que facilitó la victoria de Mauricio Macri. En el 2019, la renuncia de Cristina Kirchner a la presidencia permitió una reunificación del peronismo que fue sin duda decisiva: pese a la crisis, el presidente saliente obtuvo más del 40% de los votos y todo indica que podría haber ganado si la mencionada fractura hubiera persistido. Pero es una coalición la que llegó al poder, como lo demuestra la composición del Gobierno, modelo de equilibrio en lo que respecta a la representación de las distintas corrientes peronistas.

Por peso propio, por sus atribuciones constitucionales en tanto vicepresidenta y presidenta del Senado y por la presencia de hombres y mujeres que le responden, Cristina Kirchner tiene una influencia importante. Pero el sistema argentino es claramente presidencialista y Alberto Fernández, sin enfrentarse con la expresidenta, consolida hábilmente su espacio político a la vez que imprime su marca en las decisiones económicas. En el plano político, impone su autoridad como presidente con la ayuda de un hombre de su total confianza, el jefe de Gabinete de ministros Santiago Cafiero. Y en lo que respecta a la economía, área fundamental en este momento de crisis, se apoya en un equipo liderado por el ministro de Hacienda Martín Guzmán, un joven y brillante académico elegido por él, para diseñar un programa sustentable que facilite la negociación de la deuda con los acreedores. En ambos terrenos parece haber marcado puntos en la gira europea que acaba de terminar.

Radio Francia Internacional

http://www.rfi.fr/es/am%C3%A9ricas/20200207-alberto-fern%C3%A1ndez-el-pragm%C3%A1tico-que-unific%C3%B3-la-galaxia-peronista

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