Insisto, es inconstitucional

Por:Humberto Seijas Pittaluga

Lo que más me llamó la atención de los correos recibidos en relación con mi escrito de la semana pasada fue el pocotón de personas de más o menos mi misma edad —o sea que estudiaron bachillerato cuando todavía se enseñaba bien la Literatura Universal— que me pidieron explicaciones en relación con mis frases finales, las relacionadas con La Eneida de Virgilio.

Creo que vale la pena una digresión para aclararles. Al final de la Guerra de Troya, los griegos simularon sentirse vencidos y dejaron fuera de las murallas un caballo de madera, supuestamente en reconocimiento de su derrota. Los troyanos, confiados, empezaron a meter la escultura en la ciudad, por lo que Laooconte trata de alertarlos de que podría ser una trampa y pronuncia la famosa frase: “Timeo Danaos et dona ferentes” (Desconfíen de los dánaos [griegos] incluso si traen regalos). Como no le hacían caso, trató de quemar el caballo, pero la diosa Atenea, enfadada porque supuestamente la escultura era una ofrenda para ella, hizo salir dos inmensas serpientes que devoraron a Laooconte y sus dos hijos. Cuando quedaron solos, Ulises y sus acompañantes salieron del caballo, dominaron a quienes estaban de guardia y abrieron las puertas por las cuales entraron los griegos que arrasaron la ciudad.

Larga la digresión, pero creo útil seguir insistiendo en que la inclusión de la milicia dentro de la Fuerza Armada es un caballo de Troya puesto por los cubanos y sus cipayos criollos para a acabar con esta desde adentro.

A fin de lograr su objetivo no les ha importado violar la Constitución. Y muchos lectores dirán, con razón: “Que es una raya más para el tigre”. Porque la han estado violando desde el mismo diciembre de 1999. Pero que se pone más de relieve por el hecho de que desde el 2007, mediante referéndum, el pueblo le negó al pitecántropo barinés su intento de cubanizar a Venezuela con una fulana reforma a la Constitución. Una de las proposiciones trataba de modificar el Art. 329 para que se incluyera en la FAN a “la Milicia Nacional Bolivariana” y que aquella pudiera “ejercer las actividades de policía que le atribuya la ley”. Ambas proposiciones fueron denegadas por la ciudadanía cuando la reforma fue rechazada in toto. Aun así, trece años después de ese rechazo, los constituyentes cubanos cometieron un pupitrazo y ambas disposiciones fueron embutidas en el mamotreto “legal” al que nos oponemos y que nos enerva. Porque, además de inconstitucional es inconveniente para la nación y la Fuerza Armada.

En lo que queda de espacio no me referiré a lo de inconstitucionalidad puesto que, además de muchos opinadores que han expuesto sus razones, yo aduje las mías. Unas y otras, más que suficientes para que, si en este país hubiese un TSJ de veras —que no se prosternara ante el Ejecutivo por el disfrute de “pingües beneficios”— hubiese decretado inexequible ese cachivache leguleyo.

Lo primero que resulta desacertado es que va en contra de la profesionalidad del estamento militar. Es volver a montoneras de los tiempos oscuros de la historia del siglo XIX, como si la organización fuese una mesnada donde los conocimientos y la tecnología no fuesen vitales. Haciendo un paralelismo, es igual aquella proposición de volver a la agricultura de conucos: retrotraernos a lo primitivo, a lo cerril. Si la alimentación es tan importante, la agricultura y la ganadería no pueden estar en manos de improvisados; se requiere de gerentes, técnicos, expertos; no de analfabestias. Igual sucede con el estamento uniformado: tiene que tener luces, estar al día en conocimientos. Pero en el cuerpo de la ley, para ascender a oficial de milicia no se exige mayores requisitos. Según el mofletudo usurpador “darle su rango militar es muy importante” para reconocerle y fortalecerle su “moral y su compromiso”. En otras palabras, solo se necesita que sea fiel al partido. Pero con esa versión siglo XXI de los “chopo’e piedra” gomeros no se llega a ninguna parte. Los adiestramientos “militares” que circulan por los medios son la carcajada universal. Aunque debieran dar lástima. Venezuela se merece algo mejor que esa caricatura deforme. Pero es lo que necesitan los sátrapas y los advenedizos del régimen. Y sus mandantes antillanos.

También es inconveniente que se dibuje el espectro del “enemigo interior”. En pureza de verdad, no se norma para estar mejor preparados para la defensa ante un contendiente externo, lo que se intenta es que se sistematice el “estado de sospecha” al que se refería un prócer robolucionario ya difunto. Se intenta que, al igual que en la URSS, los hijos denuncien a sus padres. Y se les levante estatuas a quienes lo hacen, como el viejo caso en Polonia. Pone a los venezolanos a vigilar a sus paisanos y sapearlos; se busca seguir con aquello de que todo aquel que ose pensar diferente a como exige la nomenklatura sea considerado enemigo.

Los requisitos para pertenecer a la milicia son mínimos. Según el bodoque in comento, ella está “integrada por hombres y mujeres que manifiestan su deseo patriótico de participar activamente en acciones que contribuyan a la Seguridad de la Nación”. Punto. No importa si sabe escribir o no, si tiene antecedentes penales, si puede pasar unos someros exámenes físico, médico y psicológico. El art. 98, referido al “Otorgamiento de Grados Militares”, no puede ser más triste: en la milicia, la categoría de oficial “podrá ser otorgada a los venezolanos y venezolanas que hayan cumplido mayoría de edad”. Sin más requisitos. ¡Válgame Dios, hasta los pranes de las penitenciarías pudieran ser ascendidos!

Hay muchas más razones, pero se acabó el espacio. Baste decir que esta es una ley reaccionaria, una ley guerrerista, diseñada solo con el propósito de mantener a la ciudadanía en ascuas. Siendo que los gobiernos lo que deben propiciar es la paz. Pero este no es un gobierno: es un régimen…

hacheseijaspe@gmail.com

 

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